CUENTOS CORTOS PARA NIÑOS

CONCEPTO DE LA CUENTOS PARA NIÑOS 

El cuento es una forma de narración que combina hechos reales e imaginarios.
 La narración de mitos, leyendas y hazañas dio origen al cuento, el cual se 
convirtió en las más sugestivas, fantásticas y encantadoras
 actividades para formar la mente e imaginación de los niños.

 UN VIAJE ATRAVES DE LA IMAGINACION 

A los niños les encantan los cuentos. No es de sorprendernos, estos nos transportan a mundos mágicos, producen emociones como la alegría, simpatía y compasión, por nombrar solo algunas. Los cuentos hablan de temas universales y están acompañados de valores morales, también nos enseñan nuevos conceptos y nos permiten explorar diferentes culturas. Así que, si quieres viajar a un mundo imaginario, ¡has llegado al lugar correcto! Navega nuestro portal y encuentra cientos de cuentos cortos infantiles gratis, así como mitos, leyendas y poemas.
                          

Cuentos de princesas y príncipes para niños

En la imaginación activa de los pequeños, ellos son la princesa valiente o el príncipe encantado de la historia. Los personajes de los cuentos cobran vida en sus mentes mientras que los entornos se hacen vívidos a medida que la historia avanza. A través de las palabras, los niños visitan castillos majestuosos y bosques mágicos. Al escuchar cuento, conocen lugares remotos, personas extraordinarias y situaciones que les permite expandir la percepción del mundo.
A los niños escuchan cuentos infantiles cortos con regularidad les resulta fácil entender a los demás, muestran más empatía y desarrollan una mejor escucha activa, siendo esta última elemento esencial de la comunicación.
* La princesa y la sal 
La princesa y la sal

Érase una vez un rey orgulloso que vivía con sus tres hermosas hijas. Un día les preguntó cuánto lo amaban. La hija mayor respondió:

—Te amo más que al oro y la plata.

La segunda hija respondió:

—Te amo más que a los diamantes, rubíes y perlas.

La hija menor respondió:

—Te amo más que a la sal.

El rey se enojó con su hija menor por comparar su amor con una especia común, y la desterró de su reino.

Una anciana cocinera de la corte, lo había escuchado todo y acogió a la princesa, enseñándole a cocinar y cuidar de su humilde cabaña. La joven era una buena trabajadora y nunca se quejó. Aun así, cada vez que pensaba en su padre, le dolía el corazón por haber malinterpretado su amor.

Muchos años después, el rey convocó a los más nobles y ricos a un banquete en celebración de su cumpleaños. Cuando la hija menor del rey se enteró de la noticia, le pidió a la anciana cocinera que le permitiera cocinar para el rey y los invitados.

El día de la majestuosa fiesta, se sirvió un exquisito plato tras el otro hasta que no quedó espacio en la mesa. Todo estaba preparado a la perfección, y todos los asistentes elogiaron a la cocinera. El rey esperaba ansioso su plato favorito, el cual lucía delicioso, pero al probarlo se llenó de ira:

—Este plato no tiene sal — dijo—, tráiganme a la cocinera.

Entonces la hija menor se presentó ante su padre que sin reconocerla le preguntó:

—¿Cómo puedes olvidar ponerle sal a mi platillo favorito?

La joven princesa le respondió serenamente:

—Un día desterraste a tu hija menor por comparar el amor con la sal. Sin embargo, tu cariño le daba sabor a su vida, así como la sal le da sabor a tu plato. Al escuchar estas palabras, el rey reconoció a su hija.

Avergonzado, le suplicó que lo perdonara y aceptara regresar al palacio. Nunca más volvió a dudar del amor de su hija.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

* La princesa y la rana 

En una tierra muy lejana, una princesa disfrutaba de la brisa fresca de la tarde afuera del palacio de su familia. Ella llevaba consigo una pequeña bola dorada que era su posesión más preciada. Mientras jugaba, la arrojó tan alto que perdió vista de ella y la bola rodó hacia un estanque. La princesa comenzó a llorar desconsoladamente. Entonces, una pequeña rana salió del estanque saltando.—¿Qué pasa bella princesa? —preguntó la rana.

La princesa se enjugó las lágrimas y dijo:

—Mi bola dorada favorita está perdida en el fondo del estanque, y nada me la devolverá.

La rana intentó consolar a la princesa, y le aseguró que podía recuperar la bola dorada si ella le concedía un solo favor.

—¡Cualquier cosa! ¡Te daré todas mis joyas, puñados de oro y hasta mis vestidos! —exclamó la princesa.

La rana le explicó que no tenía necesidad de riquezas, y que a cambio solo pedía que la princesa le permitiera comer de su plato y dormir en su habitación.

La idea de compartir el plato y habitación con una rana desagradó muchísimo a la princesa, pero aceptó pensando que la rana jamás encontraría el camino al palacio.

La rana se sumergió en el estanque y en un abrir y cerrar de ojos había recuperado la bola.

A la mañana siguiente, la princesa encontró a la rana esperándola en la puerta del palacio.

—He venido a reclamar lo prometido —dijo la rana.

Al escuchar esto, la princesa corrió hacia su padre, llorando. Cuando el amable rey se enteró de la promesa, dijo:

—Una promesa es una promesa. Ahora, debes dejar que la rana se quede aquí.

La princesa estaba muy enojada, pero no tuvo otra opción que dejar quedar a la rana. Fue así como la rana comió de su plato y durmió en su almohada. Al final de la tercera noche, la princesa cansada de la presencia del huésped indeseable, se levantó de la cama y tiró la rana al piso. Entonces la rana le propuso un trato:

—Si me das un beso, desapareceré para siempre —dijo la rana.

La princesa muy asqueada plantó un beso en la frente huesuda de la rana y exclamó:

—He cumplido con mi parte, ahora márchate inmediatamente.

De repente, una nube de humo blanco inundó la habitación. Para sorpresa de la princesa, la rana era realmente un apuesto príncipe atrapado por la maldición de una bruja malvada. Su beso lo había liberado de una vida de soledad y tristeza. La princesa y el príncipe se hicieron amigos al instante, después de unos años se casaron y vivieron felices para siempre.

El tío tigre y el tío conejo 




Una calurosa mañana, se encontraba Tío Conejo recolectando zanahorias para el almuerzo. De repente, escuchó un rugido aterrador: ¡era Tío Tigre!

—¡Ajá, Tío Conejo! —dijo el felino—. No tienes escapatoria, pronto te convertirás en un delicioso bocadillo.

En ese instante, Tío Conejo notó unas piedras muy grandes en lo alto de la colina e ideó un plan.

—Puede que yo sea un delicioso bocadillo, pero estoy muy flaquito —dijo Tío Conejo—. Mira hacia la cima de la colina, ahí tengo mis vacas y te puedo traer una. ¿Por qué conformarte con un pequeño bocadillo, cuando puedes darte un gran banquete?

Como Tío Tigre se encontraba de cara al sol, no podía ver con claridad y aceptó la propuesta. Entonces le permitió a Tío Conejo ir colina arriba mientras él esperaba abajo.

Al llegar a la cima de la colina, Tío Conejo gritó:

—Abre bien los brazos Tío Tigre, estoy arreando la vaca más gordita.

Entonces, Tío Conejo se acercó a la piedra más grande y la empujó con todas sus fuerzas. La piedra rodó rápidamente.

Tío Tigre estaba tan emocionado que no vio la enorme piedra que lo aplastó, dejándolo adolorido por meses.

Tío Conejo huyó saltando de alegría.

Moraleja: Más vale ser astuto que fuerte.



Contacto: gissselaespinoza@gmail.com

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